Kozmic Blues

Benjamín Torres - Tierra Baldía

En muchas obras de Benjamín Torres aparecen en actividad simultánea dos caracteres que conjugan el despliegue de energías erótico-tanáticas, constituyentes de una fenomenal dicotomía, circulando en el organismo controlado de la sustantividad moderna. Dispuestos en imágenes que igual podrían considerarse escenas donde la guerra fría determina estrechamente coincidentes a la pulsión del deseo y su correspondiente satisfactor en la imagen del progreso, a la par de la constante advertencia de un orgasmo o de muerte no serena. En algunas de sus piezas los diversos escenarios que exhibe son redundantes de esa especie de articulación de seducción vs. terror, y aunque en otra circunstancia (muy común en las quimeras publicitarias, por ejemplo) representarían y prometerían orden y prosperidad, aquí el artista nos los presenta también como agentes impávidos dispuestos a una quizás coqueta suspicacia y a la franca inseguridad. En sus composiciones fluyen los temores existenciales de la fatalidad común y sus irónicas conjugaciones con el deseo personal, o viceversa, citados como en el lenguaje cinematográfico: situando nuestra mirada en el detalle inconfundible de gestos corporales extasiados y/o en evidentes contorsiones de pánico. Estos dos caracteres persistentes en los collages y en las imágenes encontradas / recontextualizadas por Torres serán, al mismo tiempo, dualidades equidistantes -y aparentemente inseparables – de un discurso con silogismos que infieren, con premisas ergotistas y proposiciones paradójicas, tanto a los resortes de raíz freudiana en su propuesta, como a la creación artística en general, su desenvolvimiento como lenguaje en la realidad moderna, y la probable relevancia del simulacro -o estética de la bipolaridad de los apetitos- como carburante existencial en este contradictorio presente.

 

Guillermo Santamarina

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